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miércoles, 12 de agosto de 2015

Reportaje: Evelyn Díaz y Laura Martínez

Venganza o justicia

 La práctica de linchar a supuestos agresores se populariza en Cartagena

Con golpes se canaliza la rabia y la frustración. El calor del medio día se fractura por los gritos que recorren las calles del barrio Villa Estrella, al suroccidente  de la ciudad. “¡Cójanlo, ratero, mátenlo!”. Las voces se convierten en un coro que pide justicia ante un supuesto delito que acaba de ocurrir. “¡No he hecho nada, yo no soy el ratero!”. Grita un joven de unos 20 años huyendole a la turba.

Ver video: linchamiento en Villa Estrella - Cartagena.


Esto se presentó el domingo 9 de agosto y aunque no hay cifras oficiales que determinen cuántos casos de linchamiento se presentan en la ciudad, expertos aseguran que el resentimiento o acumulación de rabia por parte de víctimas, sale a flote en estas situaciones; como un estado de superioridad, una especie de venganza para uno de los tantos victimarios que merodean la calles, cual depredador espera por su presa. A una multitud enardecida por la ira, poco o nada le importa el delito en el que puedan incurrir al participar de un linchamiento y en muchos casos lo desconocen. Linchar o golpear a una persona, en cualquier situación, viola el principio a la dignidad humana, establecido en el artículo 1ro del código penal de la constitución. Hacerlo puede dar lugar a que un juez diga que una captura ilegal y el detenido puede quedar en libertad. Como fue el caso.

Ver video: testimonios de personas a favor del linchamiento





Rosiris García Rodríguez (47 años) es dueña de la casa donde se refugió el joven que intentaban linchar. No está muy segura de haber hecho lo correcto y lo expresaba en su rostro “En el barrio me dicen ‘alcahueta, sapa, metida’, porque lo defendimos. “No sé qué va a pasar ahora”.

En Cartagena cada semana se capturan 5 personas por hurto, el 70% de los casos se denuncian y el otro 30% no, según cifras de la Policía Metropolitana. “Cuando le explicamos a las víctimas el proceso para denunciar, muchas nos dicen ‘déjalo que a ese yo me lo pillo por la calle y me lo casco, le voy a hacer su daño pa’ que sea serio’; creen que la denuncia es algo complicado y una pérdida de tiempo, además, que la justicia falla y no van aplicar medidas contra su victimario”, asegura Pedro Díaz Pacheco, Fiscal Primero Especializado.

La desconfianza en las autoridades es una de la principales razones para tomar la justicia “por las propias manos” eso es lo que piensa Jaime Leal, economista de 30 años “en Colombia los delincuentes usan las fallas de nuestro sistema penal para seguir delinquiendo, está bien que los linchen porque la justicia Colombiana no funciona”.

Así como él, muchas de las que han sido víctimas de delitos de menor instancia - los que  requieren de una denuncia para que el poder público pueda perseguirlos - como robos o atracos, hacen metástasis en su paciencia y se  toman medidas extremas, ante lo que para ellos es  ineficiencia de la justicia. Ejemplo es el del barrio El Rodeo, suroccidente de la ciudad; en donde fueron ubicadas 9 compuertas para cerrar la zona residencial, con el fin de “espantar a los bandidos”. Fue una inversión de 10 millones de pesos, aportados por cerca de las 400 familias residentes del sector, se estipuló un aporte de 50 mil pesos por cada una, aunque no todas lo hicieron.

La Oficina de Espacio Público del Distrito, no dio permiso para la instalación de las compuertas en El Recreo porque violaban el derecho al libre circulamiento. Pero la comunidad argumentó que si no les garantizaban el derecho a la vida, ¿acaso la circulación de particulares era más apremiante?
FOTO: Evelyn Díaz
Alonso Torres García, de 64 años, es el tesorero de la Junta de la Acción Comunal del barrio. “La gente al principio estaba dudando del sistema, pero hoy en día todo el mundo está contento porque está funcionando. Se lincharon varios, incluso, se les quemaron las motos, ya estábamos cansados” concluye con voz fuerte, mirada  penetrante y su mano derecha empuñada.

En una de las entradas del barrio y bajo la sombra del techo de una de sus casas, está Jaime Alonso Pérez, de 50 años, vigilante que recibe su pago del aporte mensual de 40 mil pesos que da la comunidad. “Nos tenían azotados, esto-compuertas- se ha venido implementando en varios barrios ya que la inseguridad es tremenda, aquí habían como siete atracos en el día, ya no hay” dice mientras se resguarda del inclemente sol del medio día. ¡Jaime, échame un ojiito a la casa! Le grita la vecina del frente mientras sale dejando la puerta sin seguro. “Ahora vengo”.

La otra cara de la moneda
Alias “El Fantasma” tiene 20 años y se dedica al mototaxismo. Dice que de vez en cuando, si le dan “papaya” o ve “ un blanco” roba, lo hace con un navaja para tener cómo “algaretiarse”, y resalta que otros lo hacen por necesidad. “La cuestión no es de pensarlo sino de hacerlo, que tú tengas el corazón para hacerlo, y ¡pum!, vas pa´ esa enseguida, la mejor hora es en la tarde, como a las dos que los tombos - policías - estén recogidos, almorzando o cambiando de turno o en altas horas de la noche, a las seis hay mucho retén”, dice sentado en frente de su casa y con la mirada algo ocultada por una gorra, como la que usan los reguetoneros.

“Yo soy consciente de que la gente ya se está aburriendo, y  a veces  siento miedo de que me cojan, más que a la Policía, aunque eso también depende del estado en el que uno esté, cuando uno está muy drogado no le importa na´ y va pa’ la que sea”. Continúa: “Yo tengo un hermano mayor que es diseñador gráfico”. Queda en silencio.“Es mi ejemplo, es sano, yo pienso en dejar lo malos pasos y algún día ser como él”.

Reportaje III - Lucía Demarchi y Marcy Alejandra Rangel

Villa Gloria: tierra negra en desalojo

El asentamiento se encuentra en La Boquilla y aloja a 142 familias

Lucía Demarchi
Marcy Alejandra Rangel


Cartagena de Indias. Gloria Sánchez nació una tarde de 1961 en La Boquilla. Su madre la sintió venir a las 3, cuando el dolor la obligó a agacharse y parirla en medio de un aguacero. “Mira qué bendita he sido yo”, dice, definiendo su historia como un cuento macondiano. Cuando sus ojos color aceituna miraron por primera vez a su padre él la apodó Muñeca. Ella sabe exactamente cuál es ese pedacito de tierra en el que lloró por primera vez. Es a unos metros de su casa, en un barrio que ahora lleva su nombre: Villa Gloria. Un barrio al que define como territorio negro, palenquero y raizal; como una recuperación de tierras ancestrales; como un espacio común a 142 familias asentadas allí desde hace 22 años. Pero para el Estado, Villa Gloria tiene otra connotación: una zona invadida, de riesgo para quienes la habiten y amenazada por quienes la habitan. Allí el desalojo fue ordenado en 2014, aunque jamás ejecutado. Gloria dice que quieren sacarlos de ahí para continuar la construcción de macroproyectos turísticos. 

Gloria tiene 54 años. Es la representante legal del Consejo Comunitario de Villa Gloria. Tiene tres hijas y nueve nietos; seis de ellos, mujeres. “Esto es un gran matriarcado”, bromea, aunque lo dice en serio. Gloria está sentada en una silla sobre una calle de tierra en la puerta de su casa de madera que levantó Alfonso, su marido. Lo controla todo con los ojos de aceituna. Esta vez no se puso el turbante y acomoda su cabello crespo abriendo y cerrando la mano, aunque no hace falta: no se mueve.

Gloria Sánchez, La Muñeca
El Plan de Ordenamiento Territorial de Cartagena dice que cada una de las calles de la ciudad debe ser estudiada a fondo para declararla habitable o no. En estos parámetros, Villa Gloria no lo es: es zona de alto riego y reserva. Para la Muñeca, esto es sólo una excusa que el Estado utiliza para no invertir.

La Muñeca cuenta que desde la ocupación de los terrenos en 1993, los vecinos de Villa Gloria se enfrentaron a 20 intentos de desalojo violentos contra el Ejército y la Policía; a una manada de ganado salvaje que fue liberada para que nadie pudiera transitar sus calles; a grupos paramilitares que instalaron en la zona para meter miedo. A Gloria le quemaron la casa, la metieron presa dos meses, incluso hoy recibe amenazas. Por eso, dice, ya no duerme en su casa. Ni ella ni sus nietos. Incluso a las dos mayores las envió a vivir a Bogotá, porque amenazaban con violarlas.

La lucha de Villa Gloria es por la tierra. Ese pedacito de La Boquilla y el barrio de al lado, Mar Linda, son “oro en polvo”para los inversores inmobiliarios, y por eso quieren quedarse con sustierras. Eso es ahora, pero las historias tienen un principio. El del caserío como tal se remonta a 1993, cuando unas 140 familias decidieron “recuperar” esas tierras del Estado que habían sido cercadas por un privado sin autorización. Ese año se promulgó la Ley 70, también conocida como la Ley de Comunidades Negras, que se desprende del artículo 55 de la Constitución de 1991. Allí se reconoció un tipo de ciudadanía distinta a la que oficialmente se estipulaba en la Constitución de 1886, que sugería la existencia solamente de una Colombia blanco-mestiza y católica. Desde entonces, existe oficialmente “la diversidad étnica y cultural de la nación colombiana”.

La Ley define como comunidad negra al conjunto de familias de ascendencia afrocolombiana que poseen una cultura propia, comparten una historia y tienen tradiciones y costumbres dentro de la relación campo-poblado, que revelan y conservan conciencia de identidad que las distinguen de otros grupos étnicos. Para Gloria, se trata de un concepto más terrenal. “Ser negro significa la lucha histórica que dieron los ancestros. Por su libertad, por dejarnos un legado. Una historia que es diferente a la del blanco. Fueron los ancestros los que llevaron la peor parte en la época de la colonia. Para el pueblo negro no ha sido fácil tener un lugar. Nos han discriminado, nos han señalado, pareciera que todo lo negro es malo”, dice.

“Nosotros nunca le llamamos invasión. Este es un territorio ancestral y vinimos a recuperarlo”. En julio de 2014, un fallo del Tribunal Administrativode Bolívar estableció que Villa Gloria debía ser reubicada porque se trata de una zona de alto riesgo en dos sentidos: para las familias que viven allí, porque es bajamar y, por lo tanto, tierra inundable, y además reserva ecológica-ambiental.

Rita López Orozco es personera delegada para la comunidad. Ha sido la encargada de intervenir en las consultas previas que se hacen ante cada proyecto que se va a realizar en Villa Gloria. “Le dan viabilidad a los proyectos inmobiliarios pero no a ellos para que se queden. Los proyectos fueron aprobados por el distrito, tienen licencias de las curadurías. En ese sector presentaron una acción popular, pero el fallo fue a favor del distrito”, rememora.

La Muñeca acepta la pérdida de la batalla judicial que ordena el desalojo, porque en ella misma está la posibilidad de poder permanecer allí. Es que el mismo fallo establece condiciones para la reubicación de la población que, a su criterio, son imposibles de cumplir: que los vecinos no pueden ser relocalizados a más de dos kilómetros del litoral costero. Además, por tratarse de una población rural, el nuevo predio no puede estar en una zona urbana. “Si eso es así, no hay dónde poner a Villa Gloria. Debe haber mar, ciénaga y tierra, porque somos pescadores y agricultores”.





Gloria dice que para los negros los espacios son definitivos: “Esta playa es mía, me ha dado la vida, aquí he sostenido a mi familia, de ahí saco mi diario vivir y voy y me baño cuantas veces se me da la gana ahí. Y voy y me mojo los pies cuantas veces yo quiero. Yo me reconozco como negra y me siento bella, yo soy negra y quiero seguir siéndolo”.



Reportaje - Roa/Karina



La Virgen que se ausentó por un rayo
“No sé si valga la pena restaurar la imagen”, opina especialista

Tania Florez y Adrián Roa M.
Cartagena


Los restos de cirios y flores marchitas adornan el altar de la Virgen del Carmen, pero ella está ausente. La santísima cayó al agua después de recibir un rayo el domingo pasado. Una tormenta eléctrica la noqueó de una sola descarga. La estatua de ocho metros y cinco toneladas que vigilaba la Bahía de Cartagena está en el fondo del mar, hecha trizas.  
Monumento de la Virgen del Carmen antes y después

Los buzos de la Armada Nacional se sumergen tres metros durante cinco horas para rescatar las piezas. El obstáculo principal es el coral muerto. Trabajan con dragas y chorros a presión para destapar la zona. Sobre el buque de rescate se observan algunas pistas. Unos dedos de mármol del tamaño de un gigante pisan la superficie. “El peso de la estructura y la poca visibilidad debajo del agua están dificultando enormemente esta misión”, declaró Óscar Granados, sargento de la Infantería de Marina.

Para Eduardo Hernández Fuentes, director de Artes Plásticas de la Universidad de Bellas Artes, la estatua no tiene ningún valor artístico, estético, sino religioso. “No sé si valga la pena restaurar la imagen”, dijo en entrevista desde su cubículo. “Yo sugiero algo más contemporáneo, un símbolo más universal y menos referido a un culto religioso”.

Hernández Fuentes, con señas y gestos, propone la instalación de una luz láser digno del arte contemporáneo. “La luz es algo que nos une y no recuerda los conflictos religiosos pasados”. El especialista en administración de museos apuesta por la unión aunque las opiniones se polaricen: por un lado, los escépticos aseguran que Dios, a través del rayo, derrumbó la Virgen para evitar la adoración de imágenes. Y por el otro, los devotos que cada 16 de julio navegan hasta los pies de la estatua para rendirle homenaje: una misa, un ramo de flores, un ‘milagrito’; ellos esperan su reconstrucción.

El alcalde de la ciudad, Dionisio Vélez, quien al final de cuentas tiene la última palabra, anunció la restauración de la imagen en su cuenta de Twitter. Su esposa, María Victoria Donado, será la encargada de recaudar los fondos para la operación. Hasta ahora son sólo buenas intenciones pues se debe esperar a que todas las piezas del rompecabezas estén sobre la mesa.

“Si se encuentran los elementos formales de la estatua (cabeza, torso, brazos) entonces se puede armar, de lo contrario caeríamos en un falso histórico”, declaró Salim Osta Lefranc, restaurador de Bienes Culturales en el Museo Histórico de Cartagena. Se le llama Proceso de Anastilosis a la técnica de reconstrucción de un monumento. Según el especialista se trata de un estudio lento y costoso pero efectivo para conservar el bien patrimonial. “En Colombia se tiene poca valoración por el patrimonio cultural. Espero me equivoque esta vez”. De no hallarse las piezas completas la mejor opción, según Osta Lefranc, sería hacerla de nuevo.

La estatua obedece a una tradición que llegó desde España en 1958. La Virgen se instaló para entonces en el Baluarte San Lorenzo, al final de la calle del Arsenal, de espaldas al mar. En 1983, la iniciativa de la Arquidiócesis de Cartagena la trasladó en grúa flotante a la mitad de la bahía, sobre un arrecife, donde tuvo una vista privilegiada hasta que el rayo la tumbó.

La Virgen del Carmen es la patrona de navegantes y pescadores, es la protectora de quienes se aventuran en el mar. Enrique Villero, pescador, se le encomendaba antes de salir en su bote cada mañana. “Me enteré por Whatsapp, algunos compañeros comenzaron a decir que se había caído”, comentó el lanchero de 28 años.
Procesión de la Virgen del Carmen el 16  de julio de 2015.

Villero lo dice con nostalgia: “cada vez que uno mira para allá es como si viera un mocho, es un monumento que uno está acostumbrado a ver, en estos días hace falta”. El pescador alza el brazo para persignarse: “virgencita ayúdame y protégeme por donde vaya”.

El Arzobispo de Cartagena, Jorge Jiménez Carvajal, al igual que la mayoría de los ciudadanos, quiere saber si se puede reconstruir la estatua. Jiménez envía un mensaje a quienes vieron caer uno de los símbolos más representativos de la ciudad: “nos queda decirle a los cartageneros que sigan confiando en la Virgen”, la que se ausentó por un rayo.









viernes, 7 de agosto de 2015

Reportaje #2

La joya de la corona, ¿dónde está?

El paradero de "El Bolívar", pintura del artista Epifanio Garay, aún no se conoce  

Adrián Roa M.
Cartagena

El pasado 22 de mayo se dio a conocer la noticia: “El Bolívar”, cuadro pintado por el artista colombiano Epifanio Garay (1849-1903), había desaparecido del antiguo Palacio de Gobierno. La Gobernación convocó a rueda de prensa para dar a conocer los detalles del caso.

Gonzalo Zúñiga, pintor y curador del Museo Naval del Caribe, entró al edificio frente al Parque Bolívar dos meses  antes de haber sido anunciado el robo. Según las declaraciones vía telefónica, Zúñiga no asegura que el cuadro estuviera en el Palacio a la hora de su visita. A veces dice lo contrario. Las declaraciones son contradictorias (escuchar audio). Saltan a la vista dos preguntas: ¿desde cuándo está desaparecida una de las obras emblemáticas del Departamento Bolívar? La más importante: ¿dónde se encuentra?

“No pudimos entrar al salón. Estaba todo cerrado. No podría decirte si estaba en ese momento el cuadro o no […] Es una puerta de vidrio, nos asomamos y yo recuerdo que el cuadro estaba puesto […] Si el cuadro no hubiera estado nos hubiéramos hecho la pregunta: ¿dónde lo pusieron? Para no tener esa pregunta en mi mente yo creo que él estaba ahí […] No te doy seguridad porque esas son cosas que pudiera inventarte algo”.

La prensa reprodujo la noticia como boletín. Hasta el momento no ha habido una investigación seria. “Parece que a nadie le interesara el tema. Se puede decir que fue noticia de un día”, declaró Zúñiga.

El edificio se encuentra en remodelación  hace más de un año “y ya va para dos”. Parece abandonado, como si un huracán hubiera arrasado con paredes y escaleras, que se observan carcomidas, al borde del derrumbe. Por suerte, las maderas sostienen el cascarón donde ocurrió la firma de Independencia de Cartagena a principios del siglo XIX.  

Tal vez tenían temor de mover la pintura de lugar, que mide aproximadamente tres metros de alto. Tal vez se desfiguró el porte de Simón Bolívar entre tanta piedra y escombros. La seguridad se reduce a una puerta con llave, la del Salón Amarillo. Ahí se protegen muebles, documentos, incluso otras pinturas del polvo. Pero ese día, cualquiera que haya sido, la obra no opuso resistencia. Tampoco la cerradura. Un solo guardia vigila el llamado Palacio de la Proclamación.     

“No puedo hablar porque me hinchan del trabajo y me dañan la hoja de vida”, contestaba a cualquier pregunta. ¿A qué te refieres con hinchar? “A que me despiden”.

El valor del cuadro significa más del lado cultural que del lado económico. Moisés Álvarez Morín, director del Museo Histórico de Cartagena, lo llama “la joya de la corona”, fruto de un proceso atribuido al presidente Rafael Núñez. En la segunda mitad del siglo XIX Colombia conoció una nueva división política: el Departamento Bolívar, y el cuadro es resultado “de ese conjunto, del universo y el proceso cultural del país en esos años”, dijo Álvarez Morín.   

Para Gonzalo Zúñiga el cuadro es notorio por haber sido la portada de muchos libros escolares de Historia. No tanto así por su valor comercial: “La imagen del Departamento Bolívar es ese cuadro. Por decir que vale mucho, diría mil millones de pesos. Pero si lo convertimos a dólares no hay nada”. 

“No es un artista conocido mundialmente. No es un artista que tenga valor en alguna subasta. Garay es un artista que es valioso para nosotros, los colombianos. Es un retratista local que no va a interesar en Nueva York, por ejemplo”.

Epifanio Garay fungió como Director de la Escuela de Bellas Artes de Cartagena entre 1889 y 1892. En ese tiempo pintó “El Bolívar” en el Palacio de la Proclamación para el salón Amarillo. Según Moisés Álvarez no existe una señal visible del artista en esta ciudad.  

“Como comunidad no hemos  sido capaces de crear consciencia ni formalizar los medios que garanticen el patrimonio cultural colombiano. Detrás de la gobernación está la sociedad en conjunto (políticos, artistas, ciudadanos). Debemos insistir en eso”, dijo Moisés Álvarez, entrevistado en su oficina.  

El gobierno colombiano ofrece 10 millones de pesos (3 mil 300 dólares) para quien aporte información acerca del hecho. Incluso se abrió una línea telefónica para cualquier denuncia posible. A lo largo de esta investigación periodística se llamó al número (3163408126) en cinco intentos. La respuesta fue un teléfono que sonó y sonó. Y la joya de la corona, ¿dónde está?



Reportaje 2 - Juan Carlos Figueroa

Los cazadores de pedófilos
Un grupo de vendedores informales se organizó para enfrentar
la explotación sexual de menores en Cartagena

Pedro Padilla coordina la red de prevención. Foto: JCFC.
Juan Carlos Figueroa
Cartagena. La ira de Pedro Padilla estalló cuando vio al hombre, de cerca de 40 años, acariciarle la mejilla a la niña, que no tendría más de 13. Estaban en la playa Castillo Grande. Pedro tenía 20 minutos observándolos con cuidado: vio cuando el extraño se acercó al grupo de cuatro chicas, cuando comenzaron las risas, cuando apareció la botella de ron. Pero no se aguantó cuando les puso el primer dedo encima: “Si no te largas ya, ¡te mato a trompá!”.

El cuarentón era extranjero pero sabía defenderse en español. Solo que pronunció tres frases que Pedro no quería escuchar: “No es tu problema”, “Yo hago lo que quiero con ellas” y “No me voy”. Pedro le arrancó de un manotazo la botella de ron, y cambió la amenaza: “¡Te mataré a botellazos!”. El cartagenero correteó al “gringo” durante 10 minutos por toda la playa. Eso bastó para que el sospechoso no regresara por allá jamás.

“Es que esos malditos merecen la muerte”, dice Padilla, moreno, 46 años y 1,80 metros de estatura. Su voz hace que todo suene a regaño, por eso es fácil sentirse intimidado. Hoy, como todos los jueves, alquila carpas en Castillo Grande. Pero, al mismo tiempo, integra una organización de vendedores informales que, por iniciativa propia, se dedica a detectar y frustrar cualquier situación que pudiera estar relacionada con la explotación sexual de niños en Cartagena.

La red se creó hace tres años y se llama Asociación Turística de Prevención de la Explotación Sexual Comercial de Niños, Niñas yAdolescentes. Son 24, entre vendedores ambulantes, “minuteros” (alquilan teléfonos), músicos, guías turísticos y carperos. No tienen un protocolo de acción claro. “Un viejo que juega muy cariñoso con unas chicas que no conoce es sospechoso aquí y en China. Nosotros siempre estamos apartados, pendientes, viendo todo. Y cuando la cosa está clara, ahí saltamos y nos metemos nosotros, como sea, siempre”, comenta Pedro.

La iniciativa tuvo su germen en un diplomado que dictó en 2010 la organización Renacer, que trabaja la problemática en Colombia. Humberto Padilla, vocero de esta ONG, detalla que lograron instruir a 70 vendedores sobre el tema de la explotación sexual en la ciudad. Apuntaron a un eslabón clave: “El trabajador informal es el principal intermediario entre la víctima y el victimario, entre los menores de edad y los turistas. Queríamos romper con esta cadena del delito, que es de las más graves y sofisticadas de Cartagena”, explica el especialista.

La Secretaría de Participación y Seguridad Social de la Alcaldía de Cartagena recibió 410 denuncias vinculadas a la explotación sexual en 2014. Unicef ha resaltado en los reportes de los últimos tres años que Cartagena, Barranquilla y Medellín son las tres ciudades de Colombia más afectadas. Y el Comité de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño alertó, en las sesiones de enero pasado, que Colombia es uno de los países con mayor explotación sexual infantil, informó Colprensa.

El impacto de la red de Pedro es modesto, reconoce Humberto Padilla. “Pero su iniciativa es una prueba valiosísima de cómo toda la ciudad se puede involucrar para detener a los delincuentes”. Cuenta que Renacer trabaja para que se repita este ejemplo en Barranquilla, Santa Marta y Medellín.

“Es que si yo fuera diputado… ¡Pena de muerte para todos esos bichos!”, insiste Pedro. Cuenta con orgullo que hace un mes espantó a otro “gringo”. El turista se le acercó confiado: “Quiero a una niña igualita a ella. ¿Dónde la compro?”. Su dedo apuntaba a una chica que, dice Pedro, era obviamente menor de edad. “¡Te volviste loco! ¿Qué vaina es esa? No sé cómo lo hacen en tu casa, pero en este país te meten preso. ¡Preso vas a ir!”. No fue necesaria la botella ni que lo persiguiera para que se fuera.

Pero todo no se ha quedado en gritos y amenazas. La red ha coordinado cinco denuncias en los últimos dos años que todavía la fiscalía distrital está por resolver. Todos los involucrados son colombianos. Explica que al menos dos pertenecen a grupos que buscan niñas para fotos o videos pornográficos. Su “gran victoria”, así la describe, es una condena de 38 años de prisión. No da muchos detalles porque es gente de su barrio, Flor de Campo. "Gente que creció con uno". El culpable tenía 36 años, y fue acusado en 2013 de violar a su hija de 14 años. "Una bestia, la mayor de las bestias".

No gana dinero por esto, pero dice que es su "trabajo de verdad". "Al final, nos convertimos casi en investigadores privados. El verdadero problema comienza en nuestros barrios y, claro, termina en la playa”. Pedro tiene 8 hijos, por eso tanto empeño: “Siempre pienso en que alguien puede tocar a los míos, y me hierve la sangre”. Promete seguir vigilante. “Tenemos una casa en el barrio que usa chicas para el porno. Lo sabemos y estamos trabajando. Y te juro por mi vida, y la de mis hijos, que esos malditos van a caer”. El carpero se persigna y dice “Amén”.


Reportaje II - Marcy Alejandra Rangel


La Serrezuela atenta contra la muralla

La reconstrucción de la antigua plaza de toros no ha tomado en cuenta las normas de protección del patrimonio
Marcy Alejandra Rangel

Así quedará La Serrezuela en 2018


En la calle de la Reculada del Ovejo, frente a las bóvedas, en San Diego, se encuentra una pared falsa y acartonada de color blanco que muestra una maqueta tridimensional. En el hipotético dibujo se ven personas caminando sobre un piso color ladrillo –no empedrado, como el resto de la ciudad-, chorros de agua que emergen del suelo para disipar el calor de Cartagena y un centro comercial enmarcado en la antigua plaza de toros de la Ciudad Amurallada. La Serrezuela, próximo centro de convenciones, es tema de discusión sobre si es o no un atentado al patrimonio.

El circo teatro fue construido originalmente en 1930, por iniciativa de Fernando Vélez Daníes; estuvo abierto hasta 1972 y fue declarado monumento nacional en 1995. Lucía tablas de madera, diseñadas por el artesano Marcial Calvo, como las que estaban de moda en la última década de 1800. El proyecto de reconstrucción cuesta 200 mil millones de pesos y promete devolver a la antigua plaza sus características originales de graderías y palcos de madera, con capacidad para 1900 personas. Pero la modernidad viene con fuerza: 64 unidades de estacionamiento, 10 mil metros cuadrados para ubicar 100 locales comerciales, 2500 metros cuadrados para terrazas, dos fuentes grandes con 150 chorros que se manejarán por computadora y un techo con una estructura que, en el centro, se podrá abrir y cerrar. En una rueda de prensa, el gerente del proyecto Aaron Cohén dijo: “En ningún otro lugar de Colombia hubiera podido funcionar mejor un proyecto de esta envergadura porque Cartagena tiene todos los componentes para ser única y tiene inmensas oportunidades de inversión para fortalecerse”.

Pero las normas dicen otra cosa. El Plan Especial de Manejo y Protección del Centro Histórico definió las formas de movilidad: marítima a través del puerto, de tracción animal y peatonal dentro de la muralla. A pesar de que el centro fue diseñado para ser caminado, las aceras son excesivamente angostas y los transeúntes ocupan el poco espacio que les queda a taxis y carros particulares. Lo que va de construcción, elimina por completo el espacio peatonal en esa manzana. César Miranda, trabajador desde hace 23 años del parqueadero del Supermercado Éxito que se encuentra al lado de la construcción, señala: “Ahora esta calle no podrá ser encuentro con nadie. Si viene un carro, Dios me libre. Hay que cambiar de dirección rapidito y sin tropezar, porque la construcción nos quitó toda la acera”. El ciudadano cree que también la muralla está siendo afectada, aunque no tenga detalles. “Desde que empezó la construcción hay huecos en este sector”, agrega.



Maqueta de La Serrezuela


Sully Moreno es habitante desde hace 40 años de la casa amarilla que está ubicada al lado de la construcción. En el estacionamiento, hay un celador que vigila el hundimiento que se produjo por esos trabajos y por el hostal Agua de Coco que también se está levantando en la intersección. “Ya los dueños llevaron el caso a la justicia, porque no nos quieren pagar los daños que ya ni sabemos cuánto cuestan de lo importantes que son”.

La Serrezuela es un tema tabú en Cartagena. La Cámara Colombiana de Construcción y el Instituto de Patrimonio y Cultura no se pronuncian al respecto. Sin embargo, el Plan de Ordenamiento Territorial aclara que dentro de la Ciudad Amurallada no deben construirse edificaciones de más de cuatro pisos por ser un bien de interés cultural, y el proyecto de la constructora Cohen pretende cinco, lo que hace que se destaque por encima de la muralla. “Los Bienes de Interés Cultural solo permiten ser ampliados cuando no haya otra forma de garantizar la sostenibilidad del propio inmueble; pero mientras la ley se refiere a viviendas, jamás podría pensarse que se autorizara construir cinco pisos para uso comercial”.


La nueva Serrezuela abrirá en 2018, luego de 36 meses de trabajo con mano de obra local. Producirá 200 empleos directos y 1000 indirectos. Mientras tanto, el transeúnte solo puede ver una inmensa pared acartonada y blanca que alcanza hasta la mitad de la calle: La Serrezuela es la acera invisible.


Reportaje 2 - Álvaro Pión Salas

A pedalazos ciclistas aficionados se abren espacio en Cartagena

Aseguran que tienen que luchar con el desinterés
de las autoridades y la antipatía de los conductores 



Cartagena. A una señal del líder no menos de 168 pares de pedales se pusieron ayer en movimiento. Entraron por uno de los boquetes de la Torre del Reloj y atravesaron la Plaza de la Paz, con rumbo al interior de la ciudad vieja. En último lugar iba Pedro Rodríguez, de 24 años.Eran las 8:10 de la noche, avanzaba lentamente, con la fuerza que su falta de práctica le permitía.

Rodríguez es ingeniero de sistemas y desde hace un mes pertenece al grupo de cerca de 90 personas que los martes y los jueves se citan para “recorrer el centro” en bicicleta. Explicó que su motivación para montarse “en un caballito de acero” es el exceso de peso y la vida sedentaria que lleva “frente al computador”. Para él es una forma de “combatir la obesidad” y evitar enfermedades cardíacas, comunes en su familia. Se para sobre los pedales y, “al mejor estilo de Nairo Quintana (ciclista colombiano) atacando la montaña en el Tour de Francia”, trata de ponerse a la par de sus compañeros para no quedar rezagado con su bicicleta de $2.000.000. "Tuve que ahorrar durante varios meses y usar la tarjeta de crédito para comprarla. La cuido más que a mí mismo", comentó riéndose. 

Reconoció que hasta ahora le ha dado “duro” ponerse a tono, pero lo que más le preocupa es “la falta de respeto al ciclista por parte de los conductores, sobre todo de taxis y busetas”. Recordó que en noviembre de 2014 dos ciclistas murieron arrollados por un bus, en la vía que comunica a la ciudad con el corregimiento de Bayunca. (Ver nota relacionada sobre el accidente). “Yo no lo viví, pero fue un golpe muy duro para el grupo. Hubo algunas protestas pero en la Alcaldía no se han tomado medidas para mejorar la situación de los ciclistas”, afirmó Rodríguez mientras descansaba en una parada en el parque La Marina.

Sin una política clara. Ronaldo Osorio es el líder de una agrupación de ciclistas llamada Tiger a la que están vinculadas 28 personas. Contó que en 2004 empezó a practicar regularmente el ciclismo de ruta y que desde entonces han sido muchos los inconvenientes que ha tenido con taxistas y choferes de buses. “El problema es que no hay ciclovías, ni nada que se le parezca. No podemos andar por las aceras por los peatones, entonces debemos bajar a las calles, pero nos exponemos a que nos atropellen”, expresó Osorio con molestia mal disimulada.

Dentro de la planeación urbanística de Cartagena no están contempladas rutas exclusivas para los ciclistas. Así lo reconoció José Molina, jefe de prensa del Departamento Administrativo de Tránsito y Transporte, Datt, sin embargo aseguró que a medida que ha ido “popularizándose este medio de transporte” se han tomado disposiciones como el uso obligatorio de casco, de chaleco reflectivo en las noches y el apoyo de seis agentes de la oficina de educación vial “para que hagan acompañamiento y patrullaje en el sector histórico del centro”. 

Para el jefe de los Tiger la normativa es insuficiente. “Está estipulado que los carros deben ir a metro y medio del ciclista, pero no respetan eso, a menos que uno vaya en cardumen (grupo), ahí se aguantan porque matarían a un poco”, indicó mientras bebía agua panela a sorbos.

El jefe de prensa del Datt, por el contrario, consideró que las medidas han mejorado para garantizar un buen uso de la bicicleta. “Estamos regulando los locales donde las alquilan en el centro. Hemos censado unos 12 y tienen en promedio unas 30 bicicletas. Además hay multas para quienes no utilizan los accesorios apropiados de $80.000 y la inmovilización de la bicicleta”.



El negocio del alquiler. “Desde hace unos cinco años en el centro de Cartagena se ha puesto de moda el uso de bicicletas”, contó Graciela Torné, dueña de un local de alquiler. En mayo pasado incorporó la renta a su oferta de recorridos turísticos, "porque se ha convertido en un buen negocio". En el establecimiento pintado de amarillo de tres metros de ancho y 10 de fondo, en la calle 'Primera de Badillo' almacena 10 bicicletas de color agua marina, que alquila a $5.000 la hora. "El negocio mejora los fines de semana, donde alcanzamos hasta cinco tandas ($250.000) los tres días (viernes, sábado y domingo)", agregó.

Sandra Castro también decidió alquilar 'caballitos de acero' porque le resultaba muy lucrativo. Hace 15 días agregó a la venta de hamacas y accesorios tejidos, en un local de la calle 'Ayos', la renta de bicicletas. Tiene siete y al igual que Graciela, el precio por una hora de "recorrido por el sector amurallado y Bocagrande" es $5.000. Las bicicletas le costaron entre $380.000 y $450.000, y en el tiempo que lleva "en el negocio" ha ahorrado para comprar "dos más".



Otro problema. Eran las 9:10 de la noche y el grupo llegó a la plaza de la Trinidad, en el sector de Getsemaní. Los ciclistas se mezclaban con los turistas que constantemente visitan el lugar, sin embargo resaltaban por las ropas de licra, los chalecos reflectivos y las luces LED que titilaban en las bicicletas. Carlos Gómez, 45 años, líder del colectivo Trépate (25 miembros), señaló que desde hace dos años se hace el recorrido por la ciudad, un trayecto de cerca de 11 kilómetros. "Salimos a las 7 de la noche de la bomba del Ámparo (suroriente de Cartagena) y llegamos hasta la Torre del Reloj. En el camino se nos va pegando gente. Al centro llega la gente que vive en el norte, a las 8", manifestó quitándose el casco y mostrando una frente sudada.

A Gómez le preocupa que los ladrones empiecen a prestarles atención y quieran robarles las bicicletas. "Vamos montados en $2.000.000, algunos tienen hasta $5.000.000 invertidos, porque quieren tener un equipo bueno", explicó. Gómez, quien es mensajero de una empresa, expresó que el costo no es solo "el vehículo" sino todos los accesorios que lleva. "Lo básico son $360.000. El casco vale $70.000, el chaleco reflectivo son $40.000, las luces rojas posteriores $70.000, luces LED $120.000 y la ropa son como $60.000", especificó. Agregó que los casos ya empezaron a presentarse. "Hace como un mes a un compañero le salió un tipo con un machete y casi le quita la bicicleta", dijo y se puso el casco al ver llegar al último del grupo. Eran las 9:30 de la noche y consideraba que debían regresar a sus casas.

Pedro Rodríguez entró a la plaza y apenas tuvo un momento para recuperar el aliento. Sus compañeros le gritaban "tortuga" y se reían de él, pero parecía no importarle. Se excusaba en la falta de experiencia y les replicaba que "pronto les dejaré el pelero (dejarlos atrás), dejen que coja cancha" y en un tono más bajo, como para sí mismo, "solo espero que para ese momento no me haya matado un carro". Se paró en los pedales "como Nairo Quintana" y salió a alcanzar a sus compañeros.

Reportaje 2, por Laura José

Matrimonio católico por segunda vez, la historia de una nulidad


La fe cristiana abre una puerta para quienes demuestren que su boda fue un error


 Por Laura José Martínez 


Lo que más le dolió a la profesora Katia Paternina Madrid, fue quedar con fama de puta en el municipio de Turbaco (Bolívar), donde reside. En 1987 teniendo solo un título de bachiller, contrajo matrimonio católico con un afamado médico de aquel pueblo. La felicidad les duró 14 años: el eterno amor se fracturó por infidelidades, maltratos verbales, engaños, y otros delitos que figuran en decenas de papeles civiles que Katia guarda para argumentar mejor su historia. Ella consiguió ante el Vaticano que su matrimonio fuera declarado nulo.

Katia Paternina junto a su esposo, Jaider Murillo. FOTO: Cortesía
La Iglesia Católica no hace divorcios como los que se ofician ante las notarías del Estado colombiano: un juez civil declara que el vínculo se disuelve y quedan hombre y mujer oficialmente con una expareja. Por el lado canónico, un juez eclesial resuelve que esa unión nunca tuvo efecto ante los ojos de Dios, que la celebración del sacramento no fue válida y por eso jamás existió un vínculo entre los contrayentes.

Son 11 álbumes de fotos que conserva Katia a sus 46 años de edad, con imágenes opacas por el paso del tiempo. Hay unas rasgadas a mano, otras tienen recortes donde se supone alguna vez estuvo la humanidad de su exesposo. En pocas aparece el médico completo. Su vista se pierde en los detalles de las fotos, por momentos es ruda con ellas y en otras se le llenan los ojos de lágrimas.

Así, quedan ambos ‘señoritos’.

Natal de una pequeña ciudad (Sincelejo - Sucre) con familia comerciante acomodada de estrictos valores católicos, Katia recuerda que su tormento no fue con las múltiples mozas de su adorado conyugue - porque afirma que siempre lo amó, hasta el último día de convivencia- : esos que la criaron la empujaban a soportar con paciencia los ultrajes “porque ese es el hombre que Dios te dio”, “esa es tu cruz y debes aceptarla”, “¿quién te va a mantener con los lujos que tienes?”, “¿qué les vas a decir a tus niñas, que su papá es un mujeriego hijueputa?”.
El sacerdote José Fernando Álvarez en su despacho parroquial
del Templo de Santo Toribio (Centro Histórico de Cartagena).
Detrás de él, los libros con las actas matrimoniales.
FOTO: Laura José Martínez

El divorcio civil se legalizó en 2006, le tomó tres meses e invirtió un poco menos de $300 mil. La odisea comenzó al decidir romper hasta los vínculos celestiales en 2008: cinco años demoró su proceso hasta obtener la firma y sello del Papa Benedicto XVI, e invirtió alrededor de $10 millones. Una sonrisa sale de sus labios, respira con lentitud y añade “pero valió la pena, me siento libre”.

“Me di cuenta que en las misas dominicales la gente me miraba extraño, algunos conocidos me negaban el saludo, poco a poco en mi grupo de oración me quitaron responsabilidades que tenía años de llevar. Entendí cuando en una prédica el sacerdote hablaba de los hogares rotos y el papel de la mujer al cuidado de esposo y los hijos, y me miraba y señalaba. No dijo mi nombre pero me estaba hablando. A mis niñas les decían a mis espaldas ‘cuidado con seguir los caminos de tu mamá’”.

El Padre José Fernando Álvarez es Vicario Judicial de la Arquidiócesis de Cartagena desde 2001, es quien lleva los trámites de nulidad desde el Tribunal Regional de Barranquilla. Según las estadísticas de su despacho, del territorio que le corresponde desde Cartagena hasta el municipio del Carmen de Bolívar, le llegan 32 solicitudes de nulidad por año. Los casos son estudiados de manera individual y deben resolverse en máximo 15 meses; los precios por proceso varían dependiendo del estrato matrimonial, así hay quienes cancelan un millón de pesos y otros nueve.

Asegura el religioso que “lastimosamente hay quienes se creen moralmente mejor que otros, entran a juzgar sin conocer el dolor del prójimo y toman la fe como excusa para maltratar y excluir. La Iglesia no consiente esos comportamientos: el Papa Francisco nos ha hablado por estos días de acogida a parejas divorciadas, de acompañamiento profundo y entendimiento”.

Katia acompañada de su esposo Jaider y dos
de sus hijas, Lia y Loredana.
FOTO: Cortesía
El primero de noviembre de 2013, Katia se casó ante la Iglesia Católica vestida de blanco como una dama, con un docente que por cosas del destino se guardó sin hijos y sin esposa. Nadie de Sincelejo vino a la boda ni la llamaron, aunque los invitó a todos. Asiste a otro templo donde aceptan el peso de su historia, sus hijas hoy hechas adultas y su esposo tienen un lugar. Su ‘ex’ convivió con una bacterióloga por siete años y volvió a divorciarse, para finalmente casarse el cuatro de julio de 2015 por la Iglesia con una fisioterapeuta 26 años menor que él.


Su caso es como un cuento popular que se propaga entre sus conocidos. Se ha encargado de contarlo sin perder detalles para que quienes pasen por una situación similar, puedan encontrar respuestas claras. La exclusión sigue presente en su nueva vida, no falta quienes les reclamen ‘mayor discreción’ en las agarradas de manos, los besos en público y las expresiones de cariño. Ya eso no le importa ni le hiere. “Hay que luchar por ser felices. Hoy estoy tranquila con el hogar que siempre quise rodeada de un esposo tierno y mis hijas que me apoyan en todo”, concluye Katia.

Reportaje 2 - Lucía Demarchi


Cuando la música se apodera de Cartagena

Hasta mañana, 14 orquestas de distintas localidades de Bolivar participarán del 3° Festibandas

Juan José tiene 11 años. Está en la plaza San Diego y de su hombro cuelga un saxofón. Cuando su maestro lo indica, ocupa el lugar que le toca en el semicírculo. Dos golpes le dan la señal: la música debe comenzar. Son las cinco de la tarde. Hace dos horas que Juan José llegó a Cartagena. Durante las 12 horas que le tomó desplazarse desde Simití, departamento Bolivar, pensó en este momento: sonar junto a sus 20 compañeros de la agrupación 15 de Diciembre en la tercera edición del Festival departamental de Bandas cartagenero. Él es el más pequeño de la formación que ayer se hizo oír en la plaza y más tarde en el escenario principal, en la Plaza de la Proclamación. Porro, fandango, bulla, cumbia, bullerengue, son algunos de los ritmos que, hasta mañana, sonarán en distintos espacios públicos de la ciudad. El ganador de la competencia se llevará 500 millones de pesos para infraestructura cultural en su municipio.
Agrupación 19 de Marzo en el Parque Fernández Madrid

Intentar alejarse ayer de la Plaza de la Proclamación era ir a contramano de la gente. Hacia allí se dirigía el público. Un público cartagenero, bolivarense, con algún turista extranjero perdido entre el tumulto. El tercer Festibandas de Bolivar tenía cita a las 19. Más de 290 músicos de los municipios de Achí, Mahates, Norosí, San Martín de Loba, Santa Rosa del Sur, Pinillos, Mompox, Turbaco, Maríalabaja, San Estanislao de Kostka, Simití, Turbana y Santa Catalina se dieron cita.

Horas antes, los escenarios fueron los parques Bolívar, Fernández de Madrid, Lácides Segovia y El Cangrejo Azul; y las plazas La Paz y La Trinidad. Y San Diego.El público pide "otra". No cualquiera. Gritan el nombre de las canciones que anhelan escuchar: Fiesta de Turbaco. Cuando los vientos y tambores de la agrupación 15 de Diciembre terminaron de tocar su retreta, Juan José limpió la boquilla de su instrumento, volvió a acomodarlo en el hombro y marchó junto a sus compañeros a la Proclamación.

En Simití, la agrupación ensaya en la calle. Hace dos años el salón que les proporcionaba la Casa de la Cultura Municipal entró en reparaciones por seis meses y la obra nunca fue concluida. A Álvaro Samuel Hernández le llaman maestro. Gana 900 mil pesos con los que, dice, le alcanza para mantener a su familia con lo justo. Es el responsable de hacer que 54 músicos de entre 7 y 23 años exploten sus dotes. “Aquí el cupo para participar es de 20 músicos. Tuvimos que elegir a los mejores para venir”, cuenta. Para la selección llamaron a los vecinos a integrar un jurado popular que calificó a los que mejor tocaban la trompeta, el clarinete, el trombón, los bombos, platillos y redoblantes. Y el saxofón que Juan José trasladó hasta el escenario mayor.
Trombonista en la Plaza San Diego

En el Parque Fernández Madrid sonó la agrupación 19 de Marzo, de Pinillos. “Queremos irnos con el premio mayor”, dice el profesor Jairo Murillos, que aprendió las primeras notas a los 11 años en el patio de su casa y, desde que pudo, se ganó la vida con esto. “El folclor es amor, es algo que nace y que lo lleva uno por dentro, así uno este trasnochado”, dice. Es que a Jairo y a los suyos también les tomó 12 horas llegar a Cartagena. En 2013, en la primera edición de Festibandas, salieron segundos. El año pasado, no consiguieron llegar a La Heróica: el presupuesto no les dio. Este año el viaje lo financió la gobernación de Bolivar, que invirtió más de 600 millones de pesos en la organización del festival. “Los que van a tocar son todos jóvenes de hasta 20 años que participan en la escuela de música. No hacemos lo que hacen otras bandas, que para venir hacen contrataciones de músicos pata que les vaya bien y alzarse con el premio gordo. Creo que eso es un engaño, porque si no hay escuela, no hay banda y no hay nada”, reflexiona.

Son las 19. Detrás del escenario mayor, los músicos y bailarines ataviados en sus trajes tradicionales hacen rondas, sueltan algunas notas, practican pasos, se abrazan a la estatua del Papa Juan Pablo II que está en una esquina de la Catedral de Cartagena. Esperan su turno. Suena “Orgullo bolivarense”, un tema interpretado por 20 artistas afamados del departamento, reproducido en una pantalla. El Festival ha comenzado.


miércoles, 5 de agosto de 2015

Entrevista - Juan Carlos Figueroa

ENTREVISTA / María Magallanes
“Necesitamos invertir más en el sistema de denuncias”
Los niños abusados sexualmente necesitan más apoyo del gobierno,
reconoce la asesora de la Alcaldía de Cartagena

Foto: cortesía de la Alcaldía de Cartagena.
Por Juan Carlos Figueroa
Cartagena. La Alcaldía de Cartagena recibió 410 denuncias sobre explotación sexual de menores de edad en 2014. Pero así hubiese sido un solo caso, igual sería demasiado, reconoce María Magallanes, una de las coordinadoras del plan del gobierno distrital para atender el problema. Tiene más de dos años como asesora para la infancia de la Secretaría de Participación de la alcaldía. Cree que la prostitución de niños y adolescentes ha crecido a la misma velocidad que el turismo en la ciudad. “Una bendición y una maldición a la vez”, dice. Las principales víctimas son niñas que tienen entre 12 y 16 años.

-¿Qué tan grave es el caso de Cartagena?
-Nos pasa lo que pasa en todas partes del mundo. Cartagena es una ciudad turística importante, por eso algunas personas pueden decir que la explotación sexual de menores en Cartagena es mucho peor.

-La ONU dijo en enero que Colombia es uno de los casos más complicados
-Sí, tenemos un problema. Lo sabemos y lo decimos. Esto no debería pasar. Pero todos estamos trabajando para cambiar esta situación. Desde la alcaldía ponemos todo nuestro esfuerzo para, sobre todo, prevenir este delito y educar a la población para que se sume a la lucha.

-¿En qué consiste este plan de prevención?
-Tenemos activo un comité consultivo para la prevención sexual. Realizamos campañas informativas en el centro histórico, sobre todo en Getsemaní y San Diego. “La muralla soy yo” es una de las campañas que hemos desarrollado con la organización Renacer. Trabajamos también con la Corporación de Turismo, para evitar el surgimiento de grupos ilegales que promocionen el turismo sexual.

-¿Quiénes son las principales víctimas?
 -Las niñas que viven en sectores pobres de la ciudad, donde hay mucho desempleo y pocos recursos para atender las necesidades básicas. Y hay poca información.

-¿Y qué hace la alcaldía en estas zonas?
-Estamos coordinando charlas informativas con líderes de las comunidades desde 2014. También organizamos charlas en las escuelas. Lo más importante es que las familias y las posibles víctimas tengan la información de cómo denunciar.

-¿Qué apoyo reciben las familias para denunciar?
-En principio, son pocas las denuncias. Pero las familias y las víctimas se animan cada vez más. Nosotros tenemos que invertir más en el sistema de denuncias. Lo más difícil de la violencia sexual siempre es la parte de la denuncia. Tenemos que lograr que los afectados se sientan seguros de acudir a las autoridades.

-¿Qué se lograría con esta nueva inversión?
-Estamos creando protocolos de denuncia, con el apoyo de la unidad de salud del distrito. La idea es que los médicos sepan qué hacer apenas reciban un posible caso de abuso. Para eso necesitamos más inversión. También queremos mayor coordinación entre los hospitales público y privados con los funcionarios de medicina legal.

-Aparte de las campañas, ¿piensan en ofrecerle alguna otra herramienta a la víctima?
-Queremos motivar la posibilidad de la denuncia anónima. La víctima no debería tener miedo de denunciar a sus victimarios. Debe tener todas las facilidades del mundo.

-¿Cuándo se logrará todo esto?
-Estamos trabajando en eso, llegará pronto.

Entrevista - Álvaro Pión Salas

"Pintar es una necesidad,
si no lo hago me muero"


Carmen Lucía Duque Zurita es una pintora colombiana que vive en España. Desde 2005 trata de conseguir un lugar en el competido mundo de las galerías.


Carmen Lucía Duque Zurita es una pintora que trata de abrirse camino “en un mundo difícil”, sobre todo porque considera que los artistas son "sensibles a la crítica”.

Calu, así firma sus cuadros, es una cartagenera que desde los 4 años se fue con su familia a vivir a Málaga, sur de España. A sus 31 años siente que pinta porque “es una necesidad”, porque si no lo hace “se muere”.

Aprendió a dibujar desde los siete años, cuando su abuela la inició "en el mundo de la pintura", sin embargo fue hasta los 16 años que decidió dedicarse al arte. Estudió 'Diseño y artes aplicadas al muro' (muralismo) en la Escuela de Arte de La Palma (Madrid).

Desde 2005 ha exhibido en diferentes galerías de Madrid y Málaga, pero alterna su trabajo con clases de pintura a niños pobres, a través de una ONG llamada Fantasía en Lagunillas, "porque del arte no se puede vivir".

Calu asegura que otro motivo para compartir su experiencia con los jóvenes es "para motivarlos a seguir sus sueños" y que no le pase como a ella, que un profesor de la escuela casi la hace "dejar la pintura".

Ha participado en cuatro exposiciones en 2015. Sus obras pueden costar entre 80 y 650 euros, dependiendo del tamaño, pero no recuerda cuántas ha vendido.

La artista habló de su obra, su inspiración para pintar y quiénes la han influido, entre otras cosas. El próximo fin de semana expondrá diez cuadros en Málaga.




P. ¿Por que decidió pintar?

R. Lo decidí a los 16 años. Siempre me había gustado dibujar y jugar con la creatividad, pero fue a esa edad cuando sentí una voz que me decía "sé artista".

P. ¿Qué te inspira al momento de tomar un pincel?

R. En mis obras puedes ver partes de mi vida o de mis experiencias. Pinto cómo me siento o cosas que he vivido. También en mis cuadros hay temas sociales: como la dignidad en la mujer, la desigualdad Latinoamérica, el vacío y soledad que hay en Europa.

P. Habla de una denuncia de la realidad ¿Es lo que busca con su obra?

R. No busco nada pintando, sin darme cuenta encuentro. A veces pinto con una idea y en la elaboración salen cosas que ni me imaginaba que estaban ahí. A través del arte podemos hacer justicia social e intento con mis pinturas traer eso a la cultura. La cultura es una herramienta de trasformación social.

P. ¿Hubo algún momento en el que pensó dejar la pintura?

R. Cuando empecé a estudiar artes en el bachiller. Estaba llena de ganas y sueños. Desgraciadamente a veces hay profesores que en vez de animar y motivar hacen todo lo contrario... y me toco uno de esos. Pensaba ¿Qué hago aquí? Si yo no soy buena pintando, mira el profesor no aprecia lo que hago. Pero la voz que tenía dentro de mí era más fuerte y me decía "sigue adelante, tu puedes", y por eso no me rendí.




P. ¿Ser pintor es difícil? Le pregunto por el reconocimiento y el estatus.

R. Ser artista es difícil porque somos personas muy sensibles. Claro que queremos estatus social y reconocimiento, nos reafirma nuestra identidad, nuestra confianza, etc. Pero también pienso que el verdadero artista no pinta motivado por eso. Pinta porque no puede dejar de transmitir lo que hay en su corazón y porque ama lo que hace. Pintar es una necesidad, si no pinto me muero.

P. ¿Cuáles son su grandes referentes en la pintura?

R. Me apasiona Frida Kahlo por su entereza, su fuerza y su obra llena de identidad personal. También aprendo muchísimo de los expresionistas, sobretodo de los Brucke o los Nabis, como juegan con el color. Van Gogh posiblemente sea mi preferido porque en sus obras veo su pasión y él realmente pintaba de corazón, sin que en vida hubiera tenido un reconocimiento.

P. ¿Qué técnicas trabaja?

R. Mi especialidad es el acrílico sobre lienzo. Este año estoy haciendo obras con tecnicas mixtas: acrílico, óleo y pastel al óleo sobre tabla. Me encanta pintar en lienzos de gran formato. Amo el muralismo, pero es complicado.

P. ¿Por que es complicado?

R. Porque normalmente para hacer un mural tienes que pintar lo que la persona que paga quiere que pintes, pocas veces tienes libertad de plasmar lo que quieres. Si son muros en la calle, por lo menos en España te pueden poner una multa bien generosa (Entre risas).




P. ¿Qué tan buena es para aguantar la crítica?

R. Depende si es buena o mala crítica. Si es mala, si me pilla bien de ánimos la aguanto bien; si me pilla en un día de bajón emocional, me puede doler. Pero lo que me hace salir adelante es ver quien soy. Dice un dicho andaluz "Pa gustos los colores".

P. ¿Se puede vivir del arte?

R. Si se puede vivir del arte, pero tienes que entrar en un área de la alta sociedad donde hay una pequeña puerta y pocos logran entrar. He vendido cuadros pero eso no me da para vivir solo de la pintura. Es algo extra.

P. ¿Qué aconsejaría a un joven que desea pintar?

R. Que sueñe y pinte a la vez. Que se permita cometer errores y equivocarse, porque cuando alguien empieza es como un bebé. No le puedes pedir a un bebé que te haga un Velásquez. Todo tiene su tiempo. Lo que te da más satisfacción no es ver tu obra terminada sino el proceso de creación.

(Puede ver la página de Calu haciendo clic aquí)