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lunes, 10 de agosto de 2015

Crónica II - Álvaro Pión Salas

Ferguson no olvida la
muerte de Michael Brown


Protestas dejan seis heridos en el primer aniversario del fallecimiento del joven negro



Washington. La paz y el silencio que marcaron ayer en la mañana el aniversario de la muerte del joven negro Michael Brown a manos de un policía blanco en Ferguson (Misuri, EE.UU.), contrastaron con los seis heridos al final del día, cuando la manifestación se tornó violenta. La muerte de Brown, el 9 de agosto de 2014, desató los peores disturbios raciales en décadas y abrió un nuevo capítulo en la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos.

Brown fue asesinado cuando iba desarmado con varios disparos por el agente blanco Darren Wilson en circunstancias por esclarecer, pero un gran jurado decidió que no había pruebas suficientes para imputar al policía.

Cientos de personas se congregaron ayer en Ferguson a las 12:02 hora local (2:02 de la tarde en Colombia), la hora en la que fue asesinado el joven; y mantuvieron cuatro minutos y medio de silencio, por el tiempo que permaneció su cuerpo tendido en la calle tras fallecer. La conmemoración comenzó a las puertas de los apartamentos Canfield Green, donde falleció Brown, y prosiguió con una marcha sin incidentes por la avenida West Florissant, epicentro de las protestas que siguieron a la muerte del joven. Al final de la marcha, liderada por su padre Michael Brown Sr., se echaron a volar dos palomas.

La muerte de Brown, ayer hace un año, situó en el centro del debate la violencia y discriminación policial contra los negros en Estados Unidos y supuso el nacimiento de un nuevo movimiento social bajo el lema 'Black lives matter' ('Las vidas de los negros importan'). Durante el pasado fin de semana ese movimiento mostró que sigue vivo no solo en Ferguson sino en otras ciudades estadounidenses, como Nueva York y Washington DC, donde pudieron verse marchas pacíficas para pedir el fin de la violencia policial contra los negros.



En Ferguson, antes de la medianoche la protesta se tornó violenta y hubo varios enfrentamientos entre los manifestantes y la Policía local. El que más grave se encuentra es Tyrone Harris Jr. (18 años), quien fue herido tras abrir fuego contra un vehículo policial en el que habían cuatro detectives sin uniformes, informó John Blemar, jefe de la Policía del condado de Saint Louis.


Dos jóvenes, de 17 y 19 años, fueron atacados por un hombre con capucha roja que les disparó en varias ocasiones desde un vehículo, según informó la Policía. Tres agentes también resultaron heridos, dos de ellos tras ser rociados con gas pimienta por los manifestantes. El otro recibió un corte en la cara cuando le arrojaron una piedra afilada y fue trasladado a un hospital.

La Policía detuvo a cuatro personas tras las protestas: un hombre de 27 años por un cargo relacionado con el uso de armas, y tres jóvenes de 17, 21 y 27 años por interferir en la acción policial, de acuerdo con el diario St. Louis Post-Dispatch.



Desde la muerte de Brown la protesta racial se extendió iniciando en la pequeña localidad de Ferguson a más de 170 ciudades de todo EE.UU. con especial intensidad en Nueva York, Washington DC, y Los Ángeles. La más trágica expresión de ese malestar fue el asesinato a tiros de dos policías neoyorquinos, Wenjian Liu y Rafael Ramos, el pasado 20 de diciembre por un negro que quería vengar a los ciudadanos negros fallecidos a manos de policías.

El diagnóstico es unánime y coincide con el de hace medio siglo: tras décadas de lucha por los derechos civiles en EE.UU. persiste una desconfianza crónica entre la policía y las minorías. Los sucesos raciales de 2014 trajeron a la memoria colectiva otros similares, como el de Trayvon Martin: un adolescente afroamericano que murió en el estado de Florida hace dos años a manos del vigilante voluntario George Zimmerman, a quien un jurado declaró no culpable.



Andra Gillespie, experta en raza y política de la Universidad Emory (Georgia), declaró a Efe que "la muerte de Brown canalizó una permanente preocupación de los afroamericanos, que sienten que son el objetivo de la Policía.".


El reverendo Jesse Jackson, veterano líder del movimiento por la igualdad de los afroamericanos, dijo a Efe que "Ferguson fue un momento decisivo. Fue una ejecución en público y el asesino fue puesto en libertad, lo que humilló a la gente. Hubo manifestaciones masivas porque, como entonces, la gente decidió actuar y resistir". 



Protestas raciales. El caso de Brown desencadenó una movilización que forzó al Gobierno de EE.UU. a situar la discriminación racial por parte de la policía entre las prioridades de la agenda. La ola de disturbios que desataron las muertes de Brown y Garner evocaron asimismo las violentas protestas raciales de los años sesenta y evidenciaron que el debate de la raza en Estados Unidos está lejos de haber sido superado.

Según una investigación del periódico 'The Washington Post', 24 afroamericanos desarmados han muerto a manos de la Policía estadounidense este año, casi la mitad de los 60 casos que se han registrado en total en el país. 

Algunas organizaciones han convocado para hoy un día de desobediencia civil, tras los enfrentamientos de anoche, por lo que los manifestantes podrían volver a las calles. El Gobierno de Barack Obama esta ante uno de los grandes retos para el 2015: construir la confianza entre Policía y minorías. En este año tendrán que sanar las heridas reabiertas en 2014 en un país con una dura y reciente historia de discriminación racial. Con información de Efe


Crónica 2-Arturo Sánchez

El ejército en la mira de las críticas


La CIDH pide que los soldados respeten los derechos humanos


Arturo Sánchez Jiménez. México DF. El ejército mexicano continúa en medio de la controversia por su respeto a los derechos humanos. Las críticas vinieron esta vez de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que pidió este fin de semana al gobierno que investigue con imparcialidad la actuación de los militares en tareas “que le competen exclusivamente a la policía”.

El organismo revisó tres casos recientes en los que hay soldados señalados como responsables de la desaparición y asesinato de ciudadanos: una manifestación en julio en Santa María Ostula, Michoacán, donde un grupo de militares supuestamente disparó contra la población, lo que dejó dos muertos, uno de ellos un niño de 12 años; la participación de elementos del ejército, también en julio, en el secuestro y homicidio de siete personas en Calera, Zacatecas; y el caso Tlatlaya, ocurrido en junio de 2014. Ahí murieron 22 supuestos narcos, 15 de ellos asesinados por soldados cuando se habían rendido, de acuerdo con una investigación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.(Lea aquí sobre los casos Ostula, Calera y Tlatlaya)

Sobre este último caso, la CIDH citó un informe del Centro ProDh, que indica que los asesinatos tuvieron lugar luego de que la Secretaría de la Defensa Nacional, encargada del ejército, dio la orden de “abatir delincuentes en la oscuridad” para “reducir la violencia”.

“Las fuerzas armadas son entrenadas para la defensa de un país contra un enemigo externo, por lo cual carecen del entrenamiento adecuado para cumplir con la misión de hacer cumplir la ley”, sostuvo al organismo en un comunicado. Planteó que es fundamental la separación “clara y precisa” entre la seguridad interior como función de la policía y la defensa nacional como función del ejército.

Para la CIDH la historia demuestra que la intervención de las fuerzas armadas en cuestiones de seguridad interna en general se encuentra acompañada de violaciones de derechos humanos.

No es la primera vez que un organismo internacional pide al gobierno que los soldados dejen de hacer actividades que le corresponden a la policía. En agosto pasado, Human Rights Watch sostuvo que el ejército mexicano "que no tiene la cultura de respeto a los DDHH”, por lo que debería regresar a sus cuarteles.

También han reclamado la ONU y Amnistía Internacional (AI). Para el relator de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, Christof Heyns, la presencia de militares en tareas de seguridad pública representa un riesgo para los ciudadanos porque fomenta violaciones a los derechos humanos. Por esa razón considera urgente que las autoridades mexicanas cambien su estrategia de combate a la delincuencia. Perseo Quiroz, director ejecutivo de AI México, firmó en julio una carta en la que varias organizaciones de defensa de los derechos humanos sostuvieron que es indispensable que el ejército deje de realizar labores que le corresponden a la policía. Quiroz aclaró que las organizaciones no pretenden que se descuide la seguridad, sino que se respete la ley.

La lucha contra el crimen organizado comenzó en 2006 con la llegada de Felipe Calderón a Los Pinos. Puso al ejército en las calles y comenzó lo que en un principio se conoció como la “guerra contra el narcotráfico”, que en ese sexenio dejó 101 mil personas muertas y casi 345 mil víctimas de la violencia, esto de acuerdo con un conteo del Centro de Análisis de Políticas Públicas. En los tres primeros años de gobierno de Enrique Peña Nieto van más de 37 mil homicidios, según el Sistema Nacional de Seguridad Pública.

En 2011 45 mil soldados estaban en las calles haciendo tareas de seguridad, según la Sedena. En una respuesta a una solicitud de información pública de mayo pasado, la Secretaría afirmó que 3 mil 978 mil militares hacen tareas de combate al crimen en todo el país.

El secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, dijo en julio al diario Excelsior que cuando se dé la orden de regresar a los cuarteles, “seremos los primeros en aplaudirla y la cumpliremos el mismo día en que se ordene”.