El colegio público Olga González Arraut educa a niños ciegos de Cartagena sin el apoyo de la Alcaldía.
Andrea Berrío Berrío, de 11 años, debe viajar una hora en bus para llegar a su colegio. Es ciega y ninguno de las instituciones educativas públicas de Cartagena que recibe a niños con discapacidades queda cerca a su casa. Son $7.200 diario y $144 mil mensuales en gastos de transporte para su familia, que apenas alcanza el salario mínimo ($616.000).
"Vivo en San José de los Campanos y mi mamá me lleva y me trae todos los días, vale la pena llegar hasta aquí porque he aprendido mucho" dice sonriente Andrea que tiene ambos ojos nublados.
De los 104 colegios oficiales de la ciudad solo 18 atienden a niños con limitaciones, uno de ellos es el Olga González Arraut, en el barrio Alto Bosque, que forma a 22 estudiantes ciegos y con trastorno de baja visión de estratos 1 y 2. En esta institución hay 37 escolares más que padecen de trastornos motrices, cognitivos e hipoacucia (sordera).
La institución dispone de un equipo de especialistas formado por dos licenciados en educación especial, un fonoaudilologo y un sicólogo, pero nada más; no hay recursos para la cajas de Braille ni para punzones, ni para pizarras ni ábacos cerrados, ni para ningún otro elemento de enseñanza para ciegos; tampoco para adecuar los espacios de aprendizaje de manera que sean aptos para los discapacitados.